domingo, 24 de julio de 2011

CONOCIMIENTO Y EVOLUCION PERSONAL


CONOCIMIENTO Y EVOLUCION PERSONAL por miriam

El conocimiento es determinante

en la evolución personal

y da sentido a la vida.

¿A qué hemos venido a este mundo?.

Progresar personalmente

y ayudar a los demás a progresar,

es una respuesta.

Posiblemente, la respuesta.

De otra forma no tendría sentido tanta lucha,

tantas decepciones y, por qué no decirlo,

tanto sufrimiento. Si hemos venido a progresar

en la senda de la evolución personal,

esto ya es un sentido,

sin duda el sentido de la vida.

La evolución personal es

esencialmente a base de los valores.

Son estos valores

los que hay que hacer progresar.

El amor y la voluntad de ayudar

y mejorar lo que tenemos a nuestro alrededor

son la expresión máxima de los valores.

Pero en el mismo nivel de excelencia

cabe poner al conocimiento.

El amor y la buena voluntad en el plano emocional,

y el conocimiento en el plano intelectivo,

componen los valores esenciales de la persona.

La fe no puede sustituir al conocimiento.

La fe puede ser la expresión de intuición

o de buena voluntad,

de aceptar lo que le dicen por "buena fe",

y en este caso y desde esta perspectiva

es positiva o, por lo menos, tolerable.

Pero en cuanto pretenda

sustituir al conocimiento,

entonces la fe es nefasta.

El conocimiento es un valor en sí,

y la ignorancia, si es voluntaria,

es lo contrario a aquel valor.

El fanatismo, el sectarismo que impide

llegar al universalismo

y la visión miope del materialismo son,

entre otros, los grandes males

que hay que atribuir a la ignorancia.

Sin duda, la ignorancia

es uno de los grandes males
que afligen a la Humanidad.

POEMA DEL SI

Si  (Rudyard Kipling)
--------------------

Si puedes conservar la cabeza cuando
 a tu alrededor
todos la pierden y te echan la culpa;
si puedes confiar en tí mismo cuando
los demás dudan de tí,
pero al mismo tiempo tienes en cuenta su duda;
si puedes esperar y no cansarte de la espera,
o siendo engañado por los que te rodean,
no pagar con mentiras,
o siendo odiado no dar cabida al odio,
y no obstante no parecer demasiado bueno,
ni hablar con demasiada sabiduria...

Si puedes soñar y no dejar que los
sueños te dominen;
si puedes pensar y no hacer de los
pensamientos
 tu objetivo;
si puedes encontrarte con el triunfo
 y el fracaso
(desastre)
y tratar a estos dos impostores de la
misma manera;
si puedes soportar el escuchar la verdad
que has dicho:
tergiversada por bribones para hacer
una trampa para los necios,
o contemplar destrozadas las cosas
 a las que
habías dedicado tu vida
y agacharte y reconstruirlas con
las herramientas
desgastadas...

Si puedes hacer un hato con todos tus triunfos
y arriesgarlo todo de una vez a una sola carta,
y perder, y comenzar de nuevo por el principio
y no dejar de escapar nunca una palabra
sobre tu pérdida;
y si puedes obligar a tu corazón, a tus nervios
y a tus músculos
a servirte en tu camino mucho después de que
hayan perdido su fuerza,
excepto La Voluntad que les dice
 "!Continuad!".

Si puedes hablar con la multitud
 y perseverar en la virtud
o caminar entre Reyes y no cambiar
tu manera de ser;
si ni los enemigos ni los buenos amigos
 pueden dañarte,
si todos los hombres cuentan contigo pero
ninguno demasiado;
si puedes emplear el inexorable minuto
recorriendo una distancia que valga
los sesenta segundos
tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y lo que es más, serás un hombre,
hijo mío.

viernes, 1 de julio de 2011

La Mistica del Incienso

La Mistica del Incienso:
Conservando la tradicion a traves de los siglos, el arte de manufacturar sahumerios ha permanecido tan puro como en sus comienzos. Seleccionando las mas exquisitas escencias de diferentes flores, plantas y especias, y mezclandolas en proporciones adecuadas, los fabricantes de sahumerios de la India maravillan al mundo con sus fragancias.
El Incienso ha sido utilizado atraves de miles de años por las religiones alrededor del mundo. Hoy en dia todavia es parte escencial de numerosas ceremonias en Oriente.
En occidente se ha vuelto muy popular para aromatizar casas, dormitorios, y demas lugares.

El incienso ha estado en uso por miles de años.
Se menciono en los vedas, la mas sagrada y antigua escrituras religiosas del mundo, asi como en las lapidas puestas en la Esfinge en Egipto antiguo alrededor de 1530 AC. Los Griegos antiguos, arabes, romanos, y hebreos son todos conocidos por haber usado el incienso.
Hoy en dia el incienso esta en uso en todas partes.
Siempre ha tenido la notable habilidad de transformar cualquier atmosfera a un ambiente de espiritualidad, asi que no es sorpresa que se haya utilizado desde el principio como un elemento importante en las ceremonias religiosas.
Tambien era usado por los adinerados para aumentar la higienizacion pobre del tiempo.
Durante la Dinastia Tang de China el reloj de incienso era simplemente un palo largo de incienso con las horas marcadas a lo largo del palo. Muchos años despues los chinos desarrollaron el reloj de incienso mas sofisticados y exactos, para quemar durante exactamente 24 Horas.
En los tiempos modernos de aromaticos quimicos y artificiales, todavia el incienso se produce de ingrediente clasicos.

La seducción del Humo
 
El incienso se puesto, lo venden en todos partes, viene en todos los colores y las fragancias imaginables. El pobre incienso después de muchos malentendidos finamente esta de moda !!!
El incienso ha sido mal entendido y hasta calumniado.. Pero la verdad es que el incienso es solo una forma de poner aroma a tu alrededor. No tiene poderes místicos, no limpia el ambiente de malos espíritus, no espanta fantasmas y no esta comprobado que ayude a la meditación.
¿Para que usar incienso?
 
Bueno, seguramente tu ya sabes que la palabra perfume viene del francés y se formo de la siguiente manera:
Per: por
Fume: humo
= Perfume (por humo)
Eso explica que los primeros perfumes (por humo) se originaron de los inciensos. Los inciensos fueron los primeros perfumes, o como yo los llamo, los abuelitos de los perfumes.


Así que el incienso no es mas que otro tipo de perfume. Un perfume que se difunde a través del humo. Se cree que se origino en el medio oriente, en las civilizaciones mas antiguas. Era usado en ceremonias religiosas, por lo que muchas personas creen que tiene poderes. En realidad los poderes son realmente las propiedades de cualquier aroma. No tiene poderes místicos.
Era usado en Egipto, en el antiguo Israel y fue llevado a Japón por monjes budistas. Es en Japón donde se perfecciono y donde la tradición lo preservo hasta ahora. También se usa extensivamente en La India y China. Japón es el productor numero uno en el mundo no solo en cantidad sino también en calidad. El incienso Japonés es superior.
¿Como se usa el Incienso?
 
El incienso puede ser de mala y buena calidad. Los inciensos de buena calidad de identifican por el olor. Es mejor usar inciensos de buena calidad porque algunos inciensos de mala calidad son hechos con productos artificiales. En Latino América muchas tribus indígenas fabrican incienso con ingredientes naturales.
Como usar el Incienso
Puedes usarlo de las siguiente formas:
Perfumar un cuarto. Antes de una fiesta, o si lo prefieres antes de tu meditación o yoga. También es fabuloso antes de un baño o una cena aromática para tener un ambiente mas romántico.
Eliminar malos olores. Si se te quemo la comida, o el gato se orino en la sala. El incienso funciona mejor que los desodorantes ambientales.
Relajarte o energizarte. Esto depende del aroma que uses. Para mas información lee la sección de aromas. El incienso puede poner un aroma a tu alrededor que te puede ayudarte a relajarte energizarte.
Limpia. Aunque no espanta fantasmas ni malos espíritus, espanta los malos olores muy bien y eso hace que el ambiente se sienta limpio después de usar incienso. Como es humo penetra a muchos lugares donde ni la escoba ni los desodorantes pueden entrar.

Precauciones
 
El incienso ha quemado muchas casas. Al usar incienso hay que usarlo con la misma precaución con la que se usan las velas. Nunca uses incienso en superficies que pueden quemarse fácilmente como madera o cerca de ropa, alfombras o cortinas. Coloca el incienso en un recipiente de cerámica, metal o vidrio.
El incienso deja cenizas. Si no lo pones sobre un recipiente que será capas de recibir las cenizas tendrás una superficie sucia. Ten esto en cuenta cuando coloques un recipiente con incienso sobre los muebles.
Algunos olores pueden causar alergias. Personas asmáticas no deben respirar directamente el incienso y aunque es agradable todo en exceso es dañino.

Enfermedades Espirituales


Es la selva alla afuera, y en la vida espiritual es lo mismo que en cada otro aspecto de la vida. Creemos que por haber estado meditando 5 anios, o por que hemos practicado 10 anios de
yoga, seremos menos neuroticos que cualquier otra persona? En el mejor de los casos estaremos un poco mas informados de nuestro estado, pero solo un poco.
Por esta misma razon he pasado los ultimos 15 anios de mi vida investigando y escribiendo libros sobre el cultivo del discernimiento dentro del camino espiritual dentro de las areas del
poder, el sexo, la iluminacion, los gurus, escandalos, la psicologia y la neurosis, tanto en sus manifestaciones serias, como en las confusas e inconscientes en el camino. Mi socio y yo estamos
desarrollando una serie de libros, cursos y practicas que buscan aclarar todo esto.
Hace algunos anios, pase el verano viviendo y trabajando en Sudafrica. Al llegar tuve que confrontar la realidad en la que vivia el pais, teniendo el mayor numero de asesinatos en el mundo
donde la violacion es comun y la mitad de la poblacion tiene SIDA, hombres, mujeres y homosexuales por igual.
Y como he conocido a cientos de maestros y a miles de practicantes espirituales por medio de mis viajes y mi trabajo, lo que me ha llamado la atencion es la forma en que
nuestras visiones, perspectivas y experiencias se infectan de contaminantes conceptuales y como afectan de una forma invisible, tal como lo hace una enfermedad transmitida sexualmente.
Las siguientes 10 categorias no son definitivas pero se ofrecen como una herramienta para poder detectar la transmision de estas enfermedades espirituales.

1. Espiritualidad "Fast-Food": Mezcla de la espiritualidad con la cultura que celebra la velocidad, el multi-tasking y la satisfaccion de deseos instantanea, es lo que generara la espiritualidad
del 'fast-food'. Que es un producto de la fantasia de que el alivio del sufrimiento de la condicion humana va a ser rapido o facil. Si algo esta claro es que la transformacion espiritual no puede

suceder rapidamente.

2. Espiritualidad Faux, (falsa):

La espiritualidad falsa es la tendencia de hablar, vestirse y actuar como uno imagina que una persona espiritual lo haria. Es una forma de imitacion espiritual que intenta copiar la realizacion
espiritual de la misma forma que una tela de manchas de leopardo imita la piel genuina del leopardo.
 
3. Motivaciones Confusas:

Aunque nuestro deseo de evolucionar sea genuino y puro, a veces se mezcla con motivaciones mas crudas, comoi el deseo de ser amado, el deseo de pertenecer, la necesidad de llenar
nuestros vacios internos, la creencia de que el camino espiritual nos va a librar del sufrimiento y la ambicion espiritual, el deseo de ser especial, de se mejor que, de ser "el elegido".

4. Identificacion con las Esperiencias Espirituales: 


En este caso, la enfermedad, el ego se identifica con la experiencia espiritual y la toma como si fuera de el, entonces empezamos a creernos que somos la manifestacion de aquello que
hemos experimentado algunas veces. En la mayoria de los casos, las experiencias no duran indefinidamente, aunque en algunos dure por un periodo mas largo por el hecho de que se
creen iluminados, o que deben de funcionar como maestros espirituales.
 
5. El Ego Espiritualizado:

Esta enfermedad ocurre cuando la misma estructura egoica se mezcla profundamente con conceptos espirituales o ideas espirituales. El resultado es una estructura egoica a "prueba de
balas". Cuando el ego se espiritualiza, nos volvemos invulnerables a cualquier tipo de ayuda, a nueva informacion, o a una critica constructiva. Nos volvemos asi impenetrables y
echamos a perder cualquier posibilidad de crecimiento espiritual, en el nombre de la misma.

6. La Produccion Masiva de Maestros Espirituales:

Existe un gran numero de tradiciones espirituales "de moda" que estan produciendo personas que creen que han llegado a un nivel de iluminacion espiritual, o maestria, mucho mas
alla de su nivel real. Esta enfermedad funciona como una banda de produccion en serie; sigue esto, comprende aquello y bam! estas listo para la iluminacion y listo para iluminar a
otros. El problema no es que estas personas instruyan, el problema es que se representen como si hubieran alcanzado la maestria.

7. Orgullo Espiritual:

El orgullo espiritual surge cuando el practicante, por anios de haber estado laborando y haciendo esfuerzos, ha llegado a adquirir cierto nivel de sabiduria y utiliza ese mismo logro
para cerrarse a nuevos rumbos de experiencia. Un sentimiento de "superioridad espiritual" es otro sintoma de esta enfermedad ha sido transmitida. Se manifiesta como un sentimiento
de "Soy mejor, mas sabio y superior a los demas por que soy espiritual".

8. Mente de Grupo:

Tambien descrita como pensamiento de grupo, mentalidad de culto, o enfermedad de ashram, la mente grupal es un virus insidioso, (oculto) que contiene muchos elementos de co-
dependencia tradicional. Un grupo espiritual hace acuerdos inconcientes de como es la forma correcta de pensar, de hablar, de vestir y de actuar. Individuos y grupos infectados de este
virus grupal rechazan individuos, actitudes y circunstancias que no pasan en las reglas no-escritas a las que se somete el grupo en colectivo.

9. The Complejo de los Elegidos:

Este complejo no se limita a los judios. Es la creencia de que "Nuestro grupo esta espiritualmente mas evolucionado, es mas poderoso, mas iluminado, o simplemente, mejor que todos
los demas."  Aqui hay que hacer una distincion importante entre saber que uno ha encontrado el camino correcto, el maestro correcto, o la comunidad correcta, que es diferente a suponer
que hemos encontrado al "Elegido".

10. El Virus Mortal: "Ya He Llegado":

Esta enfermedad es tan potente que tiene la capacidad de terminar con nuestra evolucion espiritual. Esta es la creencia de que "ya hemos llegado" a la meta final del camino espiritual.
Nuestro progreso espiritual termina cuando esta creencia cristaliza en nuestra sique, por que en el momento en que empezamos a creer que hemos llegado al final del camino, toda
posibilidad de crecimiento termina. "La esencia del amor es la percepcion," de acuerdo a las ensenanzas de Marc Gafni, "Por eso la esencia de amarse a si mismo es la auto-percepcion".
Solamente puedes enamorarte de alguien cuando los puedes ver claramente, incluyendo el amor hacia ti mismo. Amar es tener ojos que pueden ver. Solamente cuando te puedes ver
claramente es cuando puedes empezar a sentir amor por ti mismo."
Y dentro de estas ensenanzas es que creo que tener discernimiento sobre estas enfermedades espirituales es tan importante. La forma como trabaja la enfermedad dentro del ego y el
autö-enganio en todos nosotros.
Es cuando necesitamos sentido del humor y el apoyo de nuestros amigos espirituales. Al encontrar estos obstaculos en el crecimiento espiritual, a veces es facil deprimirse y perder
confianza en nuestro camino. Debemos por eso mantener la confianza y la fe, en nosotros y en los demas, para poder lograr una verdadera diferencia en este mundo.

Adaptado de Eyes Wide Open: Cultivating Discernment on the Spiritual Path (Sounds True)

RESPIRACIÓN DEPURADORA

RESPIRACIÓN DEPURADORA
Exhalar 3 veces sacando todo el oxígeno y la negatividad.
RYC - RESPIRACIÓN YOGUICA COMPLETA
Sentados.
Se inhala todo el aire por la nariz y se llena de aire la parte baja "abdominal", seguidamente por la parte media "torácica" y luego la zona alta "clavicular".
En 10 tiempos.
Inspirar en 10, retener en 2 y exhalar en 10 tiempos.
Se inhala lentamente llenando bien los pulmones y se exhala lentamente en 10 tiempos hasta vaciar el abdomen y los pulmones.
Realizar este ejercicio 5 veces por día, y después hacerlo continuo hasta llegar a la respiración completa todo el tiempo, como un hábito.
PRANAYAMA CUADRADO
Utilizando los pasos de la RYC.
En 7 tiempos.
Inspirar en 7, retener en 7, exhalar en 7 y retener sin oxígeno en 7 tiempos.
Respirar profundo.
Realizar este ejercicio 3 veces por día.

PRANAYAMA CON RETENCIÓN
Inspirar en 5.
Retener en 20.
Exhalar en 10 tiempos.
Este ejercicio ayuda para la concentración, el estado meditativo y fortalece la
voluntad. Controlando la respiración controlamos las emociones.

RESPIRACIÓN CON GIRO DE CABEZA
Inhalar todo el aire. Inspirar. Poner posición de tragar y dejar en suspenso este acto de tragar, retener la respiración. Bajar el mentón hasta el pecho. Girar la cabeza de derecha a izquierda y de izquierda a derecha con retención, giro completo. Al llegar de nuevo al pecho exhalar.
Se repite el ejercicio de izquierda a derecha y de derecha a izquierda nuevamente. No levantar la cabeza hasta no haber exhalado todo el aire y recién ahí levantar la cabeza para volver a inspirar.
Este ejercicio sirve para descontracturar la parte cervical.
Cuando la respiración es correcta (RYC) se tiene aplomo, seguridad y  ausencia de temor. Se logra el atado alfa constante.
Hacer los siguientes ejercicios en forma gradual:
RYC - RESPIRAClÓN YOGUICA COMPLETA
Inspirar en 5, retener en 2 o 3, exhalar en 5.
Inspirar en 7, retener en 2 o 3, exhalar en 7.
Inspirar en 10, retener en 2 o 3, exhalar en 10.
PRANAYAMA CUADRADO
Inspirar en 5, retener en 5, exhalar en 5 y retener en 5.
Idem en 7 tiempos y 10 tiempos.
PRANAYAMA CON RETENCION
Inspirar en 5, retener en 20 y exhalar en 10.
Inspirar en 7, retener en 28 y exhalar en 14.
Inspirar en 10, retener en 40 y exhalar en 20.
Llegando a estos niveles se puede seguir avanzando.

CAMBIANDO PATRONES DE CONDUCTA‏


Hasta ahora siempre se ha dicho que el mundo físico es real porque es lo que nuestros
sentidos físicos perciben, pero a partir de descubrir que los sentidos pasan la información
al cerebro y que éste está compuesto de materia como cualquier otro ser vivo (células,
moléculas, átomos…) ya no podemos asegurar que el mundo sea tan real. Se ha demostrado
que cuando miramos a algún objeto se ilumina cierta parte del cerebro, pero más curioso es
 que si cerramos los ojos y imaginamos ese mismo objeto se vuele a iluminar esa misma parte;
 de aquí que tengamos que admitir que el “Yo” que percibe el mundo material no es físico.



Lo cierto es que estamos muy influenciados por toda una serie de patrones que (unos porque
ya los traemos por las experiencias de otras vidas y otros porque los adquirimos a partir
de nacer) nos llevan a actuar siempre pensando en lo material, en lo personal y en lo que,
egoístamente, podamos conseguir. Ese es el aspecto físico y objetivo pero hay otros
aspectos subjetivos y llenos de posibilidades para cambiar la manera de ver el mundo
y al prójimo y de actuar, y éstos son los que normalmente llamamos “internos”.

Todo lo que percibimos gracias a los sentidos y que es registrado en el cerebro queda a
disposición de la mente consciente, por eso hay quien piensa que “somos mente” sin
saber que la mente es el modo de obtener información del mundo físico por parte del Espíritu,
el cual se expresa como conciencia y voluntad. En realidad nuestra vida es una
experiencia sensorial (ver, oír, sentir…) es “percepción mental” pero no es pensar desde
el punto de vista real e interno. Vemos lo que somos capaces de ver según la capacidad
 de percepción vibracional de la vista y comprendemos lo que consideramos posible, sin
embargo, esta información, relacionada y comparada con la guardada, es la que hace
que aumente el poder de comprensión y que se imponga sobre los condicionamientos
 creando así nuevos patrones de conducta. Somos conscientes de lo que percibimos
 cuando hay un conocimiento o experiencia previa de ese hecho u objeto, pero el patrón
 que guardamos para transformar y elevar los anteriores tendrá una importante relación
 con los sentimientos y pensamientos que nosotros creamos como respuesta. Así, si a un
choque externo, experiencia, etc., “negativa” respondemos con ira, enfado, miedo o pasando
 a la acción agresiva (como ejemplo) este patrón puede anular a otro anterior menos negativo.

Estas experiencias y sensaciones son la raíz del karma. Las sensaciones impulsan a
la acción emocional, mental y física. Una experiencia negativa con otra persona nos
 afecta al cuerpo emocional creando un sentimiento o deseo que nos puede llevar a la
 acción (en este caso y muy posiblemente negativa) si no utilizamos voluntaria y
conscientemente la mente para razonar; si lo hacemos así y buscamos los aspectos
 positivos de la persona o de la experiencia, habremos mejorado los patrones guardados
 y habremos creado un buen karma. Por consiguiente, es importante ser conscientes
continuamente de que si queremos cambiar nuestros patrones de conducta, debemos
utilizar la voluntad para razonar con la mente los sentimientos y deseos que quieran
llevarnos a la acción física o mental incontrolada, como por ejemplo la crítica y los malos
 pensamientos. Nuestra respuesta debería ser siempre bienintencionada, correcta,
como cumplimiento de un deber espiritual y como hijos de Dios que tenemos todas Sus
Virtudes latentes. Esto es importante porque estos impulsos retenidos causan ansiedad,
 inquietud, etc., y si no se pasa a la acción o se responde positivamente, se crea stress,
al que tendríamos que combatir con la relajación física y mental.

Las sensaciones, los impactos y otras muchas experiencias nos alteran, y si nosotros no
 estamos centrados conscientemente en lo que somos y en el buen uso de nuestros cuerpos,
 mostramos esa alteración de una forma inconsciente y sin razonar. Ese es el resultado
de las percepciones negativas o de las interpretaciones que hacemos de ellas según los
patrones de conducta guardados, pero si viviéramos de una forma relajada y tranquila y
 estuviéramos conscientemente atentos a todo lo que ocurre a nuestro alrededor, superaríamos
esos impulsos, enfados y reacciones negativas que tanto afectan a nuestros buenos
patrones de conducta y tanto mal karma nos producen. Se trata de hacernos conscientes
 de todo lo que nos impulsa y nos domina (sensaciones o impactos externos,
sentimientos, deseos y pensamientos inconscientemente creados) para poder controlarlo
por medio de la voluntad. Es decir, lo mismo que hay que sentir tensión o dolor en cierta
parte del cuerpo para saber cómo y dónde tratarlo, así también debemos estar
conscientemente atentos a las respuestas de los cuerpos “de deseos” y “mental”
para idear y crear pensamientos razonados opuestos a las causas.

La conciencia y la intención (voluntad) son el Alma de todas las cosas, de hecho y como se
ha demostrado, el pensamiento afecta a la materia, es más, los patrones de pensamiento
cambian la fisonomía de la persona y transforma los sentimientos. Cuando nosotros, como
voluntad y conciencia, estamos atentos a lo que ocurre a nuestro alrededor, podemos
 interiorizar y hacer real los hechos por el simple hecho de “escogerlos” y responder,
 si fuera necesario, de la forma más correcta. Cuando pensamos en una experiencia o
patrón de conducta lo hacemos más real de lo que es para los sentidos, por eso hay
que analizarlo y si es necesario cambiarlo con pensamientos positivos. Pero crear
pensamientos positivos no es ser positivo sino ocultar y aislar los negativos existentes
y de lo que se trata es de crear pensamientos positivos para que estimulen los deseos
 y sentimientos positivos para que, a su vez, el cuerpo esté sano, equilibrado, y se
 incline a las buenas costumbres y hábitos; esta acción es la que cambia
 verdaderamente los patrones de conducta.

Pero tan importante es la buena acción como la prevención de caer en el mal. Lo
 mismo que un hombre puede manifestar en su cara (como efecto) y en su expresión
el trabajo espiritual y mental que internamente lleva a cabo, así mismo puede programar
 sus días viéndose actuar positivamente (en pensamiento, sentimientos, deseos, palabras
y acciones) en cada momento. La repetición de estas programaciones hará que cada vez
se cumplan más las posibilidades y, aunque surgen pequeños hechos de la “nada”,
siempre los veremos según los patrones guardados y siempre tendremos la libertad de
“elegir” la respuesta más adecuada a nuestra voluntad espiritual. Los impactos externos,
las sensaciones y lo que percibimos, llegan al cerebro como impulsos eléctricos, pero
 el cerebro no distingue entre eso y lo que tiene guardado como efecto de impresiones
pasadas, o sea, de los patrones de conducta. Si prestamos atención a lo que nos
 rodea y respondemos a dichas impresiones conscientemente y con buena voluntad
y deseos, estaremos cambiando las áreas del cerebro puesto que está comprobado
 que el pensamiento modela o cambia la materia neuronal.



Las ideas no están guardadas en el cerebro puesto que proceden del Mundo del Pensamiento,
es decir, del propio Yo superior, pero la información que llega al cerebro por medio de los
sentidos y que altera los patrones guardados puede ser transformada y elegida para
guardar como nuestros patrones por medio de las ideas y la voluntad del Espíritu.
Sabiendo esto, debemos tener claro que cuando se repiten sentimientos, deseos y
pensamientos elegidos por la voluntad espiritual, se unen y fortalecen los ya
guardados anteriormente para así crear un nuevo carácter espiritual. Como
 ejemplo de esto diremos que el pesimista y amargado se crea y lleva
una vida de pesimismo y amargura.

Esta es la manera de espiritualizar el carácter y de cambiar los patrones pero, si nos
damos cuenta, es imprescindible tener siempre presente dos aspectos, estos son la
concentración y la observación consciente. Estos aspectos hacen que percibamos
 las cosas, y la buena voluntad y el discernimiento hacen posible que elijamos lo
 más correcto y adecuado para nuestro desarrollo espiritual. De esta manera se
 pueden controlar y dirigir los diferentes cuerpos evitando así los malos deseos,
sentimientos, pensamientos y acciones. Un enfado puede crear tensión pero
 esa tensión se anula con la relajación; una mala impresión o percepción puede
 incitarnos a crear malos deseos y pensamientos, pero la buena voluntad y el
discernimiento pueden anularlo y ver los aspectos positivos de esas circunstancias o
 personas. Incluso los pensamientos de compasión y amor y los deseos de ayudar
 a los demás vencen los enfados y los malos sentimientos; luego entonces, el poder
 transformador no hay que buscarlo fuera de nosotros ni siquiera en el cerebro,
sino dentro del propio ser, donde están la buena voluntad y la conciencia. La misma
costumbre de pensar en el bien y en la felicidad de las personas y del mundo, ya
 es una prevención para no actuar ni pensar mal y hacer que estemos relajados
 física y mentalmente pero si, además, razonamos nuestras acciones y
 reacciones con la mejor voluntad, seremos felices internamente. Pensar de
forma altruista y benévola hacia los seres que nos rodean es abrir nuestros
 corazones hacia ellos a la vez que nos protegemos de las malas vibraciones
que nos rodean. Simpatizar mental y sentimentalmente (no pensar mal y fijarnos
en sus virtudes) con las personas comúnmente llamadas “malas”, nos ayuda a
 relajar nuestras tensiones y a cambiar nuestro karma futuro. Pensar en la felicidad
 y en el bienestar del prójimo y desearles lo mejor es hacernos felices a nosotros
 mismos puesto que la felicidad no es el resultado de un acto físico sino de un
estado mental y emocional positivo unido a un deseo de amor y de fraternidad.

Por eso la mente debe estar libre y por encima de las sensaciones y de los efectos de las
circunstancias que vivimos ya que, si no es así y no hay una concentrada y consciente
 atención, nos pueden llevar a los malos deseos, pensamientos y acciones. Una mente pura
 y libre de malos deseos, sentimientos y pensamientos que entorpecen la concentración y
 la atención, es una mente feliz que cumple con sus deberes espirituales, con su karma y
con los patrones divinos; cuando actuando así se es feliz en esta vida, significa que
 también lo seremos en la próxima. Se trata de mantener una mente pura y libre del
intrusismo que a cada segundo importuna y para conseguir eso tenemos que
 observarnos, conocernos y controlar nuestras reacciones para cambiar nuestra
 actitud en pensamiento, palabra y obra. Cuando evitamos que la mente esté suelta
y que piense por sí misma como respuesta a las impresiones o sensaciones, y cuando
 la gobernamos con voluntad y consciencia, interrumpimos la larga relación
neuronal que se produce en el cerebro y la desconectamos de la actividad cerebral.
 Entonces nos convertimos en observadores libres de sentimientos y pensamientos
 y ya no somos esa persona influenciada y guiada por los patrones y las
conexiones neuronales; es decir, somos libres.

La filosofía oculta explica quiénes somos en realidad y cómo y porqué llegamos a ser
 conscientes en este mundo físico que nos parece tan real; por otro lado, la neurociencia y
 la física cuántica ya afirman que el ser humano no es quien hasta ahora hemos pensado
sino que está más allá de la mente. Cuando una persona quiere cambiar de actitud ante
 el mundo porque su conciencia le dice que no está actuando bien suele decir que no
es nada fácil ¿Qué es lo que le domina o qué se lo impide? Veamos, lo mismo que el que
 lleva una vida aburrida y monótona es porque no encuentra los alicientes que necesita,
 así también la persona dominada por su cuerpo de deseos y por su mente incontrolada
 tampoco encontrará el camino que le lleve a su Dios interno ¿Somos buenos o malos?
O lo que es lo mismo ¿Nuestra actitud en la vida está basada en patrones egoístas y
personales porque creemos que el cuerpo y el mundo físico son la única realidad
existente? La verdad es que parece como si estuviéramos hipnotizados por todo lo
 que nos rodea, por los esquemas mentales relacionados con los hábitos y
 costumbres, por la opinión pública y los medios de comunicación y por un
sinfín de cosas más que impiden a la mayoría de las personas ejercer su voluntad
y su libre albedrío como verdaderos árbitros de sus destinos. Es más, la mayoría de nosotros
 estamos tan “cómodos” en este mundo donde disfrutamos de los placeres que nos cuesta
 creer que este mundo no sea el verdadero mundo que nos corresponde. Por eso nos cuesta
 romper con los patrones antiguos y no queremos esforzarnos en encontrar medios (como la
 filosofía oculta) que nos faciliten nuevos ideales, nuevas metas y nuevos conocimientos
 que eleven nuestra conciencia hasta el mundo del Espíritu.

Así es que de lo que se trata es de hacer nuevas conexiones en el cerebro por medio de
nuevas técnicas, conceptos e ideas para que se efectué el cambio desde dentro para
 fuera ya que, cambiando la forma de ver las circunstancias, las actitudes y las personas,
 cambiamos la forma de pensar y tomamos nuevas decisiones que repercutirán en el
carácter, en la fisonomía y en el destino. Hoy hablan los neurólogos de que las células son
 receptoras de péctidos procedentes del hipotálamo y que éstas reaccionan según la naturaleza
del péctido que la penetre, es decir, de la emoción que lleven consigo. Esto explica las
enseñanzas de la filosofía oculta respecto a la cadena de acciones y respuesta entre los
 mismos cuerpos en base a las cuales se forman los hábitos, costumbres y patrones de
conducta de la mayoría de las personas que no tienen en cuenta los aspectos de voluntad
y conciencia del Espíritu. Cuando se repiten pensamientos, sentimientos, deseos, acciones
 y reacciones, se forman patrones en la red neuronal y éstos van cambiando según se
 incorporan nuevas experiencias por medio de dichos péctidos (reacciones, deseos,
emociones, etc.) Así es que esos son los patrones que tenemos sobre el mundo y sobre
las personas y es la base de nuestro carácter y expresión personal. Y ahora viene la
 pregunta ¿Entonces, si yo repito toda una serie de pensamientos, sentimientos, deseos
 y acciones seleccionadas con mi voluntad espiritual estoy espiritualizando mi carácter
 gracias a los péctidos? La respuesta, evidentemente, es sí, de ahí la necesidad de limpiar
 la mente y de discernir siempre con buena voluntad y conciencia.

Si en nuestra vida diaria adquirimos el hábito de repetir pensamientos, sentimientos y deseos
de amor, fraternidad y altruismo hacia el prójimo estaremos creando unos patrones internos
que formarán nuestro carácter y entonces seremos amor, fraternidad y altruismo. Esto es
crear adicción, por tanto, debemos ser conscientes de que si creamos un carácter negativo
solo nosotros somos responsables del karma futuro que nos venga. Como podemos ver,
lo malo no es lo que se le pueda hacer al cuerpo físico sino a la mente. Lo ideal sería que
 hiciéramos una programación cada mañana viendo, a través de la imaginación
 creativa, cómo influimos conscientes y voluntariamente en cada una de las posibilidades
que se nos presente. Entonces, basándonos en esos patrones espirituales que hemos
creado a través de la repetición, es cuando debemos mantener esa concentrada atención
(como observadores de nuestros diferentes cuerpos y reacciones de los mismos) para
 actuar como el verdadero Yo que somos, es decir, con conciencia y voluntad y libres
de impresiones que actúen sobre la mente.

De esta forma, la mente, como foco del Espíritu sobre los mundos en que evolucionamos,
 nos ayuda a adaptarnos, a transformarnos y a alcanzar la conciencia de ese Yo espiritual
 que ve dichos mundos como medios para evolucionar pero no como su verdadero mundo.
En el cerebro está todo lo que somos como posibilidades según nuestra propia evolución,
 pero también tiene una parte espiritual reservada para que trabajemos y desarrollemos
ese aspecto en nosotros, y para ello debemos centrar nuestra vida consciente en ella
para perder la noción del tiempo y de nosotros mismos como identidad personal. Esa es
 la verdadera posición del ser humano, la de observador atento y consciente que discierne
 y actúa desde sus más elevados ideales y a través de una mente pura y libre de aspectos
 personales. Eso es vivir en lo real, porque, como observadores de nosotros mismos,
debemos vernos y analizarnos con los ojos de Dios.

Estamos aquí para aprender a tener intenciones; para ser creadores; para sembrar el espacio
 de buenos pensamientos, sentimientos y deseos; para aprender a desarrollar positivamente
nuestra vida; para espiritualizar el carácter; para desarrollar la voluntad y la mente, y
 para conocer el Yo superior. Si nuestra conciencia puede influir en el entorno por medio de
 sus sentimientos y pensamientos, quiere decir que el entorno es parte nuestra y, por tanto,
 podemos influir en nuestro futuro destino. Pero para ello debemos trabajar como se ha dicho
 en los párrafos anteriores, así estaremos capacitados para escoger las posibilidades que
nos permitan experimentar lo verdadero como conciencia de Dios en evolución que
 somos. Hay que vivir de esta manera y en este nuevo mundo que nos permita vencer
y gobernar la personalidad emocional, tener nuevas experiencias con el cerebro y los
 diferentes cuerpos, y crear nuevos patrones de pensamientos que nos permitan
 alcanzar ese mundo espiritual donde tantos Maestros e Iniciados habitan.
Debemos convertirnos en científicos de nuestra vida observando los
 resultados de los cambios que intentamos alcanzar.

 

Francisco Nieto
 

jueves, 23 de junio de 2011

La Desencarnación

La Desencarnación

  Después de la desencarnación, el ser humano pasa a vivir en el mundo invisible mediante su cuerpo etérico; pero en el mismo momento del fallecimiento, se produce un estado de conciencia muy especial, que es una conciencia de memoria retrospectiva, durante la cual el alma se retrotrae a la vida que acaba de dejar; hace un repaso de todas sus acciones de la vida terrestre, de una manera tan vivida que es como si volviera a vivir y experimentar; pero ahora con una conciencia y sensibilidad mucho más intensa. Sufre terribles remordimientos por los males que hizo; así como por los que recibió experimenta el pesar de la incomprensión ajena y el deseo de perdonar, si es bueno, o de venganza si aún el odio anida en su alma. Se comprenderá que estas intensas emociones son muy diferentes, según la clase de alma que sea. En esta memoria retrospectiva, el repaso de los acontecimientos se hace al revés, o sea, primero los más recientes, yendo hacia atrás en el pasado, hasta la infancia. Esta retrospección post-mortem dura generalmente de dos a tres días.

El fuego tiene el poder de destruir el éter químico del cuerpo etéreo del individuo; es por eso que los ocultistas recomiendan no efectuar la cremación de los cadáveres hasta el tercer día después de constatado el fallecimiento. Este consejo se da, porque muchas veces el individuo está aparentemente desencarnado, como si su cuerpo ya fuese un cadáver, y no es así; de manera que si se incinera en tales condiciones, se le ocasiona un mal, pues se le hace perder la experiencia de ese instructivo panorama retrospectivo.

El éter químico, aunque sutil e invisible, es substancia física casi tan densa, poco menos que el aire atmosférico, de modo que suele ser casi perceptible. Las personas sensitivas, o quienes han practicado algunos ejercicios para ver en el éter, lo pueden percibir con cierta facilidad. De ahí que las personas desencarnadas que aún conservan su éter químico, pueden ocasionalmente ser vistas o sentidas, poco después del fallecimiento.

Después de la desencarnación, el doble etéreo se desdobla en dos formas exactamente iguales, como si el individuo fallecido se duplicara; pero una de esas formas es más densa y está compuesta por los dos éteres inferiores, vital y químico, y la otra forma del individuo es más sutil y, está integrada por los dos éteres superiores, lumínico y reflector. La primera de ellas queda abandonada y ronda en tomo al cadáver y se desintegra más o menos al mismo tiempo que el cuerpo muerto. Ese el fantasma de los difuntos en pena.

Sin embargo, no siempre ocurre de esa manera, pues en los casos de una persona que ha fallecido quemada viva, o de cremación prematura, el éter químico se destruye por el fuego y entonces el éter vital se desintegra rápidamente.

Hay otros casos, que también son numerosos, en que el doble etéreo no sé desdobla, sino que continúan los cuatro éteres unidos durante un tiempo más o menos largo, que pueden ser muchos años. Esto ocurre cuando el individuo ha tenido una personalidad muy fuerte y apegada a las cosas de este mundo terrestre. Estos desencarnados suelen rondar en torno a las posesiones que tuvieron en la vida física. Otras veces son magos negros que no quieren redimirse y tratan de ejercer un poder invisible sobre las gentes.

Hemos visto que el ente humano desencarnado, esto es, la persona cuyo cuerpo físico ha muerto, sigue viviendo invisiblemente en su cuerpo etéreo, el cual, como sabemos, está compuesto por substancia etérica, que consta de cuatro grados, o sea, cuatro éteres; mientras tanto su cuerpo carnal o visible, que ha sido abandonado por el alma, queda convertido en un cadáver, que empieza a descomponerse.

La visión del panorama retrospectivo de la existencia terrenal que se acaba de dejar, a que nos referimos anteriormente, no es de la misma duración para todas las personas. Algunos solo pueden hacer esa retrospección algunas horas; en cambio, otros efectúan un concienzudo estudio de su existencia para obtener de ella el mayor fruto de experiencia posible, demorando en este trabajo, dos o más días.

En seguida, el alma, habitando en sus cuerpos sutiles, se desliga totalmente de sus cuerpos carnales para emprender su nueva vida en el más allá. Ya hemos visto que después de la desencarnación, el cuerpo etéreo se desdobla en dos: un cuerpo de substancia etérica inferior, que es una especie de cadáver etérico, el cual, por ley de afinidad, busca la proximidad del cuerpo muerto, en el cementerio; y el otro cuerpo de substancia etérea más sutil, en el cual sigue viviendo el alma humana un tiempo más. Eso es lo general; pero también dijimos que hay otros casos, de difuntos que retienen durante un período más o menos largo, la totalidad del cuerpo etéreo. Ha habido casos de desencarnados que han vivido durante siglos en ese deplorable estado de fuerte apego a las cosas terrenales, que no se resignan a abandonar.


Los desencarnados que retienen durante un tiempo su substancia etérea inferior, ya sea porque han fallecido jóvenes y alguna pasión o fuerte deseo les impulsa a mantener contacto con las gentes encarnadas, sea porque han sido víctimas de un crimen y persiguen la venganza, o por diversas otras causas, se valen de diferentes medios para alimentar su forma etérea, o cuerpo vital, con emanaciones de vitalidad de los cuerpos humanos y animales, principalmente, emanaciones de la sangre de las matanzas, así como también de las efusiones vitales que se producen en los vicios y libertinajes, en las tabernas y en los lupanares, así como también, aunque en menor grado, en cualesquiera otros sitios de diversión en donde se excita !a sensualidad licenciosa.

En cambio, como ya hemos visto, el fallecimiento o desencarnación es una separación total de los cuatro éteres, que abandonan definitivamente el cuerpo carnal y le dejan entregado a la descomposición. El doble etéreo se retira juntamente con los otros cuerpos más sutiles. Recuérdese que el doble etéreo es un duplicado del básico; o sea, tiene la misma forma que el cuerpo carnal, aun cuando algunos milímetros más grande. De este modo, el individuo desencarnado, el difunto, conserva la misma forma corporal que tenía cuando era viviente en este plano químico visible, aunque ahora pasa a ser invisible para los encarnados en vigilia. Se llama vigilia el estado de conciencia que tenemos mientras estamos despiertos en este plano terrenal visible.


Por las razones expuestas, poco después de la muerte o mucho tiempo más tarde, según el caso, el doble etéreo se desintegra totalmente; pero antes de que esto ocurra, el cuerpo astral asume la forma física, aunque invisible para nosotros. Recordemos que el cuerpo astral, llamado también cuerpo de deseos, durante la vida física del individuo no tiene la forma del cuerpo carnal, sino que es solamente un aura radiante, de forma ovoide, un poco más grande que el cuerpo físico, el cual está dentro de ella. Los colores de esa aura radiante son variables, están cambiando continuamente, y de este modo reflejan las emociones, pasiones, sentimientos y deseos del individuo.

Eso cambia en cuanto el individuo desencarnado se despoja de su cuerpo etéreo y entonces el cuerpo astral asume la forma que tenía el cuerpo físico cuando estaba vivo. Así, pues, cuando se habla del cuerpo astral de un desencarnado, es diferente cuando se alude al aura astral de una persona de este mundo físico.

En otras palabras, después de la muerte, pasado un tiempo, la substancia del cuerpo etéreo se deshace o disgrega y se esparce en el espacio de la región etérica del Mundo Físico, menos el átomo simiente etérico, el cual sigue siempre ligado al Ego; y entretanto, el cuerpo astral adopta la forma que tuvo el cuerpo físico al final de la existencia terrenal, o sea, de persona anciana, madura o juvenil. Los niños están en una situación diferente, pues no siguen el curso corriente de la desencarnación, sino que, tras un breve lapso de descanso y después de algunos arreglos o ajustes que los Ángeles del Destino le hacen al cuerpo etéreo infantil, el niño retorna a la vida física, o sea, renace dentro de muy poco tiempo.

Una vez que el individuo desencarnado se ha despojado de su cuerpo etéreo y pasa a vivir en su cuerpo astral, pierde el contacto vital directo que antes podía mantener con las personas de este plano físico, pues le falta el instrumento o medio para establecer dicho contacto; pero puede lograrlo por intermedio de un 'médium", que es una persona viviente, dotada de una calidad especial de substancia etérica, que le permite, durante el sueño magnético, servir de intermediario para que se manifieste un ente astral.

El cuerpo astral del desencarnado está dotado de aura mental y causal, que le permiten continuar pensando y conociendo, a la vez que adquiere nuevas experiencias de la vida en ese mundo sutil.

Como los individuos son, en esta encarnación, buenos o malos, justos o injustos, puros o impuros, así también después que desencarnan sus cualidades, buenas o malas, forman parte de la naturaleza o substancia de su cuerpo astral. Es por esto que no todos los difuntos van a parar a la misma región astral, sino a la que esté en concordancia con la naturaleza de sus deseos, pasiones o sentimientos.

La substancia del cuerpo astral del difunto experimenta un gradual mejoramiento en el Mundo Astral, después de algunos años de purificación, aun cuando conserva los rasgos de la personalidad que tuvo en su vida física.

La permanencia del hombre como ente viviente y habitante del Mundo Astral, es variable, pues depende de la calidad de su naturaleza afectiva y anímica, o sea, de la mayor o menor pureza de sus afecciones y deseos. Todos los factores anímicos de la vida humana se hacen presente entonces para condicionar o determinar la clase y calidad de existencia que el desencarnado ha de vivir en ese mundo invisible, durante un período que puede ser brevísimo para los que vivieron en santidad o en sacrificio, o de siglos para los que existieron entregados a tenebrosa perversidad. Entre estos extremos, hay numerosas variedades.


En el individuo inferior, que llevó una conducta depravada, viciosa o delictuosa en este mundo físico, su calidad astral es impura o grosera. Por lo mismo, al llegar a vivir en el astral, por ley de afinidad se atrae las deleznables y oprobiosas con condiciones de existencia que corresponden a los grados más bajos del Mundo Astral.

Hemos dicho que cada mundo o plano de existencia, se divide en siete grados de materia o subplanos. Los tres grados inferiores de la materia astral constituyen una región repulsiva, donde las vibraciones corresponden a sensaciones o deseos de maldad, vicio y degeneración, podredumbres mefíticas y horribles visiones. Lo que el alma sufre en la parte más baja de ese mundo, es indecible. La región formada por los tres subplanos inferiores, es lo que constituye el "purgatorio", donde el alma humana va a sufrir y purgar sus culpas.

Sin embargo, se comprende que esa purificación en el Purgatorio, no es total, pues si así fuese, el alma purificada se liberaría de toda culpa y no volverla a reencarnar, con lo cual se frustraría el propósito de la evolución terrestre de la humanidad. El alma experimenta una gradual purificación relativa al mundo o plano en que habita, solamente en cuanto le es necesaria para ascender a un plano o subplano más elevado; pero si pudiese liberarse, se detendría su evolución en lo concerniente al perfeccionamiento de la vida consciente en este plano físico.

Por lo general, el hombre es una mezcla de bien y mal; pero la semilla divina, que se halla oculta en la raíz, del alma humana, hace que ésta sienta, en mayor o menor grado, una inclinación al bien, la cual está destinada, salvo excepciones, a triunfar sobre la tendencia maligna. Por eso se dice que el bien es más duradero que el mal. Esto no es estrictamente correcto, pues el bien y el mal coexisten, como los dos polos éticos de la naturaleza anímica; y esta polaridad se manifiesta solamente en los tres mundos inferiores: mental, astral y físico. En los mundos espirituales: supermental, espiritual, monádico y divi¬no, la polaridad moral no existe, ha sido disipada, superada; por lo tanto, allí han desaparecido los conceptos del bien y del mal. Aún estos conceptos ya han sido disipados y superados en la región mental abstracta o plano causal, esto es, en la región mental superior donde brilla la inteligencia pura.

Así, pues, el hombre impuro, pasado un tiempo en el pur­gatorio, experimenta un cambio favorable en su naturaleza afectiva o astral, hasta que después de algunos años de sufrimientos, logra depurarse de las bajas condiciones y, por la misma ley de afinidad, su cuerpo astral purificado asciende a los grados superiores del Mundo Astral.

Advertimos que el grado intermedio de ese mundo es indiferente o neutro. Los tres grados superiores, o sea, más sutiles, constituyen el "Primer Cielo", que es luminoso y de bellos co­lores. Aquí existe el bien, porque predomina el polo positivo de la polaridad moral. Esta es la región atractiva del Mundo Astral. Los más gratos sentimientos y las más dulces emocio­nes, así como los más nobles deseos, constituyen la actividad anímica del hombre desencarnado que habita en esta región.

El hombre desencarnado que se eleva a esa región astral superior, experimenta la sensación gratísima de haber sido trans­portado a un planeta muy grande, muy luminoso y muy bello; pero sólo se trata de un cambio de estado de materia. Si a la tierra sólida y líquida, o sea, nuestro globo terrestre con sus continentes, océanos, montañas y mares, le agregamos el aire o atmósfera que la rodea, tenemos un globo terrestre bastante aumentado de tamaño. Y si a este globo le agregamos la parte etérica, que sobresale mucho más allá de la atmósfera, tene­mos una tierra etérica mucho más grande que la que estamos acostumbrados a ver con nuestros sentidos corporales. De aná­loga manera ocurre con la esfera astral de nuestro planeta, que es mucho más extensa que la etérea. En el vasto mundo astral existen también numerosos otros astros, distintos de nuestra Tierra; pero nosotros no debemos olvidar que es en este pla­neta donde estamos evolucionando, tanto en su parte visible como en sus regiones o planos invisibles.

En el Primer Cielo reside el ser humano desencarnado, du­rante algunos años, hasta que se agota la energía de su vida afectiva o de deseos. Repetimos, los hombres innobles y protervos pasan muchos años en el Purgatorio; los mediocres, que son ahora la generalidad, unos pocos años; pero los que durante su encarnación física fueron activos en el bien, abnegados y caritativos, devo­tos sinceros de alguna religión o dedicados a las nobles disciplinas de la filosofía, la ciencia o el arte, purgan ahí sus debilidades durante un tiempo que puede ser más o menos corto, según el grado de naturaleza moral de cada uno.

Ha habido almas de pureza extraordinaria, que han pasado de inmediato al Primer Cielo, sin estada en el Purgatorio; pero han sido ra­rísimas excepciones. Las personas que desencarnan en avanzada ancianidad, des­pués de haber llevado acá una conducta de elevada moralidad, así como los que han tenido un largo período de purificación antes de desencarnar, por profundos sufrimientos morales so­brellevados con resignación, o por una prolongada y cruel en­fermedad, soportada con valor y paciencia, acortan considera­blemente el tiempo que pudiera haberles correspondido en el Purgatorio y pasan muy pronto al Primer Cielo.

Terminado el período más o menos largo o breve, según el caso, que debe vivir como habitante del mundo astral, el hom­bre se desprende de su cuerpo astral, así como antes lo había hecho con su cuerpo físico, y pasa a residir otro período en la región mental concreta, formada por los cuatro grados o sub-planos inferiores del Mundo Mental. Esta Región Mental constituye el Segundo Cielo. Ahí vive el hombre desencarnado, dedicado a las tareas del pensamien­to, hasta donde le es posible, de acuerdo con el desarrollo que haya alcanzado su mentalidad.

Como habitante de esa región, el ente humano está ya des­provisto del cuerpo astral; por consiguiente, no experimenta la actividad de los deseos ni pasiones. Como la materia del mundo Mental es muy sutil, responde de inmediato a la actividad pensante de la mente individual.

En la región Mental Concreta o Segundo Cielo, el pensamiento asume forma. De este modo, al pensar en algo, la cosa pensada se construye instantáneamente en la materia de ese plano. Lo mismo ocurre si se piensa en una persona o animal. Todo lo que se piensa adquiere ahí forma de inmediato, exactamente igual a la imagen creada o reproducida por la mente. O sea, las imágenes no son simples percepciones registradas misteriosamente en el cerebro, como creen los materialistas, sino que son cosas, animales y otros seres que toman forma en la materia de ese plano. Es así como el ente humano desencarnado en ese Cielo, vive constantemente rodeado de todo aquello que piensa; pero, en razón de que su alma ya se depuró de toda pasión o deseo terrenal, sus pensamientos en esta región Son nobles y bellos. No olvidemos que ésta es una región celestial, y por lo mismo, todas las imágenes que ahí toman forma, son bellas y puras, no existiendo allí nada que perturbe la paz y dulzura del alma.

En otras palabras, en ese plano el ser humano es exclusivamente un "ente pensante", es un pensador; pero no se vaya a creer que como el de Rodin; no; el pensador celestial no tiene que parir con dolor los hijos de su imaginación; no tiene músculos que poner en penosa tensión, ni nervios que excitar, ni siquiera el deseo de pensar, sino que piensa naturalmente y sin cesar, porque el pensamiento es su actividad permanente y normal en ese mundo.

En ese sutil mundo de substancia mental, ya se puede vis­lumbrar cuál es la verdadera entidad humana evolucionante: es un ser celestial pensante. Sólo cuando este ente desciende a los mundos inferiores y se reviste de materia astral y física, es cuando experimenta deseos egoístas y apetitos de placeres sensuales. Sin embargo, la verdadera patria celestial del ser huma­no es el Tercer Cielo, que es el plano causal, al que luego alu­diremos.

Como decíamos, en la región de la mente concreta o Segundo Cielo, el pensamiento toma forma de inmediato, instantá­neamente, de manera que la mente humana vive ahí en medio de un panorama cambiante, moviente. Al llegar a esa región una persona desencarnada, como su mente está funcionando sin cesar, se encuentra de inmediato rodeada de las imágenes o apariencias que le parecen seres u objeto reales, de las perso­nas, animales o cosas que le eran familiares en su vida terre­nal; pero sólo de aquello que guardan relación armónica con su mente depurada; y no se da cuenta de que son solamente imágenes con apariencia de realidad.

De esa manera, el ente desencarnado vive allí en un estado de armonía y felicidad, por cuanto, como todo lo que se ve y oye es el resultado de su propio pensamiento purificado, no hay allí nadie ni nada que le cause molestia o contrariedad. Además, percibe las armonías musicales que son propias de la vibración de la materia mental, aun cuando no se da cuenta de dónde proceden ni cómo se producen.

Algún tiempo después, el ente humano empieza, poco a poco, a darse cuenta de sus ilusiones mentales y a distinguir los entes reales de los imaginarios. Los seres humanos de más atra­sada evolución demoran mucho en aprender eso y algunos no lo consiguen hasta que caen en el sueño profundo del plano causal, que luego indicaremos.

Empero, los desencarnados más evolucionados despiertan ahí a la verdadera realidad de ese plano, más o menos pronto, y aprenden a distinguir los entes reales de los imaginarios, para lo cual les es necesario, antes que nada, controlar el pensamien­to, a fin de evitar las interferencias de su propia imaginación. Entonces se da cuenta de que ese Cielo está habitado por mul­titud de Ángeles y otros seres de gran esplendor, así como tam­bién de muchos espíritus humanos desencarnados. La existencia del ente humano en el Segundo Cielo, es por lo general, el período de mayor duración entre las etapas que pasan de una a otra encamación. Esta región del pensamiento concre­to o Segundo Cielo, en la mística indostánica se llama "Devacán", o el Cielo de los devas, o seres celestiales, como ángeles, arcángeles y otros; pero hay devas superiores que habitan en planos más elevados.

Dejemos al ente humano en su cuerpo mental, disfrutando de la deliciosa y apacible vida celestial, y volvamos un momen­to atrás para considerar lo que ha ocurrido con el cuerpo as­tral del difunto, y que fue abandonado por el ente pensante una vez que éste ascendió al Segundo Cielo. El Cuerpo astral, así abandonado por el ente, pasa a ser una especie de cadáver sutil; pero como su materia es astral y, por lo mismo, dotada de automovimiento. Dicho cuerpo astral, aunque ha quedado sin alma, es semoviente, aparentemente animado, con el aspecto corpóreo del mismo ser viviente a quien perteneció. Además, al ser abandonado, la mente del ente le dejó un pequeño residuo mental que mantiene en ese cuerpo una pequeña, muy precaria actividad mental durante algún tiempo.

Este cadáver astral es llamado "cascarón". Queda vagando durante un poco tiempo, conservando la apariencia de la per­sona difunta; pero como rápidamente se agota el residuo men­tal que le había quedado adherido, pasa a ser una apariencia como idiotizada, hasta que se disuelve. Estos cascarones no son malos. Desde el momento que son cuerpos astrales purificados, no pueden ser malos; pero desgraciadamente, suelen ser utili­zados por entidades malignas que se aprovechan de su aparien­cia para engañar y hacer algún mal con disimulo. El mundo invisible es muy engañoso y productor de ilusiones, por lo cual el estudiante debe ser muy cauteloso con los fenómenos as­trales.

Sigamos de nuevo el curso del ente pensante, que es el hom­bre viviente y actuando en el Mundo Mental. Transcurrido un período más o menos largo en la región mental inferior o Segundo Cielo, su cuerpo mental inferior se debilita y finalmente se desintegra y esparce en la materia de ese plano. Con esta pérdida, el ente pensante queda, generalmente, casi desnudo de materia sutil, pues sólo le resta su cuer­po causal, que como antes dijimos, es un aura de muy preca­rio desarrollo, casi vacuo, como una gran pompa de jabón, en la mayoría de los seres humanos actuales. Y este es el cuerpo o forma, que sirve de vehículo para habitar en el Tercer Cielo, que es el plano causal. Se comprende, pues, que careciendo de consistencia y actividad, por su muy escaso desarrollo, el cuerpo causal de la mayoría no le sirve aún al ente humano para poder actuar conscientemente en ese plano o región men­tal superior; por este motivo, al llegar ahí, el ser de escasa evo­lución intelectual, cae en la inconsciencia, como en un pro­fundo sueño que le sirve de reposo durante un tiempo, mientras se le prepara su nueva reencarnación.

El Tercer Cielo o plano causal es, por consiguiente, el nivel de tope adonde llega, hacia arriba, el ente humano evolu­cionante sometido a la serie de reencarnaciones que necesita para perfeccionarse. Ese Cielo está poblado por seres celestiales de gran esplendor. Los seres humanos de apreciable evolu­ción mental, que ya han desarrollado su cuerpo causal, pasan a residir conscientemente en ese Cielo, que es de maravillosa belleza.

En este plano causal o región mental superior es donde em­piezan, hacia arriba, los niveles de vida puramente espirituales, donde ya no hay formas corpóreas, ni siquiera en imágenes. En la Región Mental Superior o Abstracta, que es el Tercer Cielo, las únicas formas que asume la materia sutil, son como figuras geométricas, pero cambian rápidamente, pues la sustancia men­tal es muy sutil y moviente. Los cuerpos de los seres celestiales que allí habitan así como los cuerpos causales de los entes humanos altamente evolucionados, son como grandes esferas luminosas iridiscentes, dotadas de intensa actividad vibratoria. El ideal espiritual del ser humano que se afana por la perfec­ción, le conducirá a ese maravilloso estado de esplendor áurico, cuando le llegue su tiempo de habitar en ese cielo.

Pero la evolución y el destino del hombre, que son los dos principales factores de la necesidad, le obligan a descender de nuevo a estos mundos inferiores, para proseguir su curso de perfeccionamiento, a la vez que pagar o compensar deudas que quedaron pendientes en la encarnación anterior. Estas deudas son los sufrimientos o perjuicios que hemos ocasionado a otros seres, o los daños que le hemos causado a la colectividad, ya sea por conducta antisocial, ya sea por negligencia en el cumpli­miento de nuestros deberes.

Este descenso a tomar nueva encarnación en condiciones ade­cuadas al propio destino, se opera con la ayuda de los átomos simientes. En efecto, después de la desencarnación, el Ego man­tiene ligado a él un átomo de cada uno de sus cuerpos. Este átomo no sigue la disgregación de su respectivo cuerpo, sino que permanece ligado al Ego, conteniendo en él un extracto o síntesis de toda la experiencia de la vida pasada, y no cambia, o sea, es el mismo, encarnación tras encarnación, hasta que el Ego se libera de la necesidad de reencarnar. En este átomo se imprimen las cualidades individuales correspondientes a cada plano de existencia.

En consecuencia, el primer paso de su nuevo descenso a la materia, consiste en que el Ego reviste de substancia mental a su átomo simiente mental. Entonces se forma un cuerpo men­tal embrionario. Lo mismo ocurre más adelante respecto del átomo simiente astral, en torno al cual se forma el nuevo cuer­po astral embrionario; y después sucede otro tanto en lo tocan­te a la formación del cuerpo etéreo embrionario, hasta que todos son unidos al embrión físico en la matriz de la que va a ser la madre del próximo recién nacido.

Los cuerpos mental y astral embrionarios adoptan la forma de una campana, antes del renacimiento; pero más adelante cierra por la parte inferior, formando así el aura sutil, mental astral. El cuerpo causal no sufre esos cambios, pues permanece intacto y solamente crece y mejora un poco de una u otra encarnación. En los individuos inferiores o medianos, el cuerpo causal es ovoide, a semejanza del aura astral; pero en los seres superiores, como dijimos, toma forma esférica, mucho más gran­de y brillante.

El átomo simiente es un átomo especial de cada plano de existencia, que un ser humano ha incorporado en forma per­manente a su naturaleza individual desde que empezó el ciclo de la serie de reencarnaciones. Es la semilla del fruto de la existencia. Durante la vida física del hombre en este plano inferior, el átomo simiente del cuerpo físico está situado en el ventrículo izquierdo del corazón. Al momento de la desencarnación, ese átomo simiente sube del corazón a la cabeza, por donde abandona el cuerpo carnal, yéndose juntamente con los cuerpos sutiles, pasando por la co­misura de los huesos parietales y occipitales.

Análogamente, más adelante, cuando el ente desencarnado abandona su cuerpo astral, también su átomo simiente lo deja, pues sigue ligado al Ego, lo mismo que el átomo simiente fí­sico; asimismo, después, el átomo simiente mental. Repetimos, cada uno de ellos es el núcleo de la formación embrionaria de los respectivos cuerpos mental, astral y etéreo, antes de la for­mación del embrión carnal. Cada átomo simiente es una especie de imán, que atrae so­lamente ciertos materiales de su mismo plano, en concordancia con su propia fuerza atractiva y con las cualidades que el in­dividuo ha desarrollado en sus encarnaciones pasadas.

Así, el átomo simiente mental de una persona que ha tenido en su existencia pasada una mentalidad mezquina o tenebrosa, no será capaz de atraer materia mental suficiente y de calidad como para construir una mente dotada de armonía y brillantez. Otro tanto ocurre con el átomo simiente astral. Un indivi­duo que en sus pasadas vidas terrestres se ha manifestado im­pulsivo y animado por deseos groseros e innobles, no podrá atraer el material astral que se requeriría para construir un cuerpo de deseos dotado de noble y bondadosa naturaleza afec­tiva, de puros sentimientos y elevados anhelos.

No olvidemos lo siguiente: cada cual forma o construye su propia organización individual, tanto en lo físico, como en lo moral e intelectual, solamente lo que es capaz de atraer, apro­vechar y elaborar.

El vigor y la salud del mundo físico están condicionados por una buena constitución del doble etéreo, como base principal, y secundariamente por factores favorables que inciden en la gestación, en el nacimiento y en la crianza. Si estas condicio­nes no son favorables, pueden mejorarse mucho, mediante una adecuada educación física y hábitos saludables. Pero este buen resultado se consigue con el tiempo, mediante una recta ins­trucción y una voluntad aplicada con perseverancia al fin de­seado.

Es por esto que se ha dicho y repetido por diversos escrito­res que: cada uno es el arquitecto de su propio destino. El se­creto principal está en los átomos simientes. En esos átomos están infundidas, no solamente las cualida­des individuales, sino que también las tendencias del temperamento y las modalidades del carácter, en esencia condensada, como las cualidades y posibilidades de una planta o árbol están en la semilla. Pero esto no es todo, pues, como ya hemos advertido, cada átomo simiente atrae a otros átomos similares de su misma naturaleza. Lo que hemos querido decir es que el átomo simiente, atrae hacia sí otros átomos de similar na­turaleza con los cuales forma combinaciones "subatómicas", y de estas surgen otras que forman la variada gama de las estruc­turas moleculares de los cuerpos.

Cuando un ente humano está por renacer, los Señores del Destino, que son poderosas e inexorables Entidades, y sus auxiliares, determinan los padres que el renaciente va a tener en este mundo de materia física. Los padres son elegidos de acuerdo con el destino que el renaciente deba soportar en este plano. Esto está más o menos de acuerdo con la teoría científica de la herencia biológica y psicológica. La ciencia materialista ha formulado diversas leyes de la herencia; pero nosotros estima­mos que no son leyes en un sentido estricto, sino solamente aproximaciones.

Una ley de la naturaleza es un principio cons­tante; pero no hay nada más inconstante y variable que las llamadas leyes de la herencia. Esto no significa que neguemos la herencia biológica. La aceptamos, pero sólo parcialmente, esto es, como el conjunto de factores etiológicos que determinan y condicionan la existencia, forma, vigor, salud y otras caracte­rísticas del organismo físico de un individuo y que proceden de los caracteres biológicos y condiciones físicas y vitales de sus padres o antepasados. A estos factores hereditarios se agregan otros que no dependen, en absoluto, de los progenitores, sino de otras dos cosas, que son completamente individuales del re­naciente: una es el contenido de sus átomos simientes, y la otra es la determinación que hacen los Señores del Destino, acerca de la familia, el medio social y la situación económica y cul­tural que deberá tener el renaciente. Los seres humanos más adelantados eligen ellos mismos los padres que van a tener, de acuerdo con el programa de pensamiento y acción que se han propuesto desarrollar en esta nueva existencia, o con algunas deudas que todavía tienen pendientes y que han decidido can­celar o compensar de alguna manera determinada.

Como se ve, hay una relativa "predestinación" del destino personal; pero no es absoluta, como supone el fatalismo. Lue­go nos referiremos a este punto. De lo que hemos expuesto se desprende claramente que cada hombre o mujer construye su destino, mediante la generación de las causas o factores que han de determinarlo. Estas causas o factores son de orden mental, astral y físico; o sea, relativos a nuestros pensamientos e ideas, sentimientos, pasiones y deseos, y a los actos materiales o físicos.

No culpemos, pues, a nadie ni a una supuesta mala suerte, si en nuestra actual existencia física carecemos de una podero­sa y brillante mentalidad, afectividad y actividad, que nos per­mite concebir, proyectar, impulsar y desarrollar obras meri­torias o importantes, como las que realizan los hombres de gran talento y virtud.

La suerte no es el caprichoso azar, como cree el vulgo, sino que es el resultado de causas desconocidas, que por lo general han sido generadas o promovidas en alguna encarnación an­terior. En la naturaleza, tanto en la visible como en la invisi­ble, no existe el capricho o la arbitrariedad; no, sino que todo es el resultado de factores actuantes, que obedecen al ordena­miento de las leyes naturales.

Un acontecimiento puede aparecer como caprichoso o arbi­trario, porque a la simple vista no concuerda con el orden de las leyes naturales. En estos casos lo que ocurre es que nosotros, no conocemos todas las leyes de la naturaleza, de manera que no sabemos cuando una ley de orden superior desvía o contra­dice los efectos de una ley inferior.

De este desconocimiento nuestro provienen los llamados "mi­lagros", que las gentes se inclinan a estimar como un aconte­cimiento sobrenatural, caprichoso o arbitrario; pero no es así, pues en la Madre Naturaleza no existe nada arbitrario. Así, por ejemplo, sucede con los casos de "levitación", en que una persona o un objeto se elevan del suelo, contrariando a la ley de gravedad o pesantez. Hoy en día, la aeronáutica nos prue­ba que el hombre, por procedimientos mecánicos, puede poner en acción fuerzas que contrarrestan la gravedad y permiten la elevación de las aeronaves o de los cohetes; de manera similar, han existido individuos extraordinarios que han tenido el po­der oculto de elevarse a cierta altura del suelo, poniendo en ac­ción una fuerza que es contraria a la gravedad, y que se llama "levitación".

Volviendo al tema de la reencarnación, las fuerzas menta­les, afectivas y vitales que el hombre desarrolló en sus anterio­res existencias, quedan en estado latente en los átomos simien­tes, durante el período que sigue a la desencarnación. Al ini­ciarse el nuevo proceso de descenso a la materia de los planos inferiores, esas fuerzas se ponen nuevamente en actividad y em­piezan a atraer, primero las partículas de la región mental con­creta, que el hombre necesita para construir su cuerpo mental inferior, pues ya dijimos que el mental superior o causal no se deshace. Después, sucesivamente, entran en actividad los áto­mos simientes astral y etéreo, de análoga manera.

Esta compleja tarea no la hace el Ego solo, sino que es di­rigido, controlado y ayudado por los Señores del Destino, que ya mencionamos, y sus auxiliares. Esos Señores del mundo in­visible, así como a los grandes adeptos de la Sabiduría Divina, les basta echar una rápida mirada a esos registros sutiles para saber las actuaciones pasadas de un individuo y ver las causas que él ha generado y que habrán de producir sus efectos en las próximas encarnaciones del mismo sujeto.

De la determinación que hacen los Señores del Destino, pro­cede también ese ajuste de cuenta que en forma vaga hemos conocido como "la justicia inmanente". Ellos son jueces im­perturbables, pues están encargados de aplicar el rigor de la ley; y si no fuera por otros seres misericordiosos que también intervienen en los destinos humanos, la vida de la mayoría de los hombres actuales sería aún más triste y dura.

A los Señores del Destino se les conoce en la India como los "Lípikas", y en la mística cristiana; como los "Ángeles Archiveros", para dar a entender, simbólicamente, que tienen a su cargo los archivos de las vidas humanas.

Lo que acabamos dé explicar acerca de la desencarnación y la reencarnación, no da una idea del modo exacto del proceso y sus consecuencias. Hay algo aún más importante, que consiste en el mejoramiento psicológico que obtiene el ser humano al construir su nueva personalidad, a causa de los varios factores favorables: a) la purificación astral o afectiva que su­frió en el Purgatorio; b) los estímulos enaltecedores que reci­bió su alma durante su permanencia en las regiones celestiales, y c) el aprovechamiento, aunque sea poco, de la experiencia resultante de su vida anterior. A ello se añade un factor in­terno, que es el más importante de todos: que el espíritu divi­no del hombre posee un íntimo anhelo de realizar la perfec­ción. Este anhelo es muy vago en la mayoría; casi no se nota en los seres vulgares. En estos existe como un oculto germen de perfectibilidad; pero de este germen, con el andar de la evo­lución de la vida interna, deberá brotar y crecer el maravilloso árbol de la sabiduría.

En cuanto a las condiciones externas de la nueva existencia del renaciente, como la familia y la situación económica, por lo general también tienden a mejorar de una a otra en­carnación; pero esta regla tiene muchas excepciones, por cuan­to hay mucha variedad de destinos. En efecto, hay actualmen­te numerosas personas de modesta condición, que en encarna­ciones anteriores disfrutaron de apreciable rango social y fortuna. Este rebajamiento de condición se debe, generalmente, a que fueron demasiado orgullosos e indolentes o crueles en sus relaciones con el prójimo, por lo cual causaron muchos su­frimientos a otros. También se rebaja el destino de los que se han degradado en los vicios y abusado de los placeres. Estas personas renacen en deplorables condiciones de salud mental y física. Las taras mentales y morales corresponden, por lo común, a una conducta anterior viciosa. Sin embargo, hay otra excepción muy importante y completamente diferente, que es la de algunas almas que se deciden a apresurar su evolución psicológica, para lo cual optan por sobrellevar algunas encarna­ciones difíciles, para acrecentar el poder anímico e iluminar la conciencia. Los poderes del alma y el esplendor de la concien­cia interna, se adquieren después de varias vidas de arduo y fructífero trabajo. Esto no es para holgazanes. A ello se agre­ga que el hombre o la mujer que se proponen seguir el sen­dero de la perfección debe luchar con muchas dificultades y contrariedades, puesto que, aparte de que ha de superar sus propias deficiencias, se le oponen intereses adversos tanto visibles como ocultos.

Pero, volvamos a la regla general. El Ego, a causa de la ex­periencia recogida en sus encarnaciones pasadas, añade algo nuevo en la próxima, que le permite introducir mejoras en las condiciones de su nueva existencia física. Esto es de mucha im­portancia, pues si así no fuese, la nueva encarnación sería una mera repetición de la anterior, de manera que los esfuerzos y sufrimientos habrían sido inútiles. Por fortuna, no es así, pues como ya vimos, existe en lo íntimo del alma el germen de per­fectibilidad que es inherente al espíritu divino del hombre, el cual, a pesar de los contratiempos, sigue una línea de evolución.

Los padres procrean la criatura física del renaciente; pero nosotros sabemos ya que el hombre no está solamente consti­tuido por su cuerpo carnal, sino también con otros cuerpos su­tiles en cuya gestación o formación nada tienen que hacer los padres, salvo en cuanto a la influencia que ejercen en sus men­tes y costumbres en la dúctil y delicada personalidad del niño, durante su infancia y adolescencia, la cual también está tomada en cuenta para la determinación de destino y sus posibilidades.

Es por esos motivos que la teoría materialista de la herencia biológica y psicológica presenta algunos aspectos de realidad; pero en este terreno, como en muchos otros conocimien­tos de la ciencia materialista o profana, no obstante sus admirables progresos, la investigación científica se halla separada de la verdad trascendente por una barrera que separa el Mundo Físico del Mundo Astral y que es el "velo" del ocultismo. El primer velo es simplemente etérico; pero la substancia etérica pertenece todavía al Mundo Físico y, por lo mismo, está al alcance del instrumental científico, que nos ha permitido apro­vechar los beneficios de las ondas etéricas y de la energía de esa región radiante, en las varias formas que la técnica actual ha podido utilizar; pero el verdadero velo de los misterios reside en la separación entre el Mundo Físico y el Mundo Astral, se­paración que es muy profunda, pues el estado de materia es completamente diferente.

Limitando la herencia a las condiciones del organismo físico, y si buscamos la correlación existente entre aquella y el pro­ceso de la reencarnación, veremos que no son sino distintos aspectos de la acción complejísima de los numerosos factores que se ponen en juego por la ley de causa y efecto, entre cuyos fac­tores hay que contar la perfectibilidad evolutiva, a la que ya aludimos.

Todo ello está previsto por los Señores del Destino. Así, el ente humano que debe padecer en esta existencia física los de­plorables efectos de sus pensamientos y actos inicuos de encarnaciones pasadas, en las cuales fue vicioso, indolente o depravado, necesita reencarnar en un cuerpo procreado por padres alcohólicos, inmorales o enfermos, que engendrarán un cuer­po tarado, apropiado para un destino precario y lamentable; por el contrario, si el renaciente trae un buen destino, sus pa­dres procrearán un cuerpo sano y vigoroso, o bien, delicado y sensitivo, según la naturaleza de las tareas que el Ego deba emprender y desarrollar en esta nueva encarnación. Otro tan­to, ocurre con respecto a la situación social y económica, como hemos visto.

Antes de la procreación, los Señores del Destino se han ocu­pado de ayudar al Ego en la construcción del cuerpo embrio­nal etérico, dejándolo en condiciones de proseguir su desarrollo consecuencial en la matriz de la madre que le han elegido rápidamente que la naturaleza mental del individuo. Estos desarrollos se efectúan por períodos septenarios: siete, catorce, veintiún, y veintiocho años de edad. Hasta los siete años, el niño es ayudado por los ángeles, bajo los Señores del Destino, en relación con las fuerzas macrocósmicas, pues desde esa edad empieza, poco a poco, a determinarse por su individualidad. De los catorce a los veintiún años se acentúa el desarrollo del cuerpo astral, el que, repetimos, es una aura ovoide, de cambiantes colores, y de los veintiún a los veintiocho años, el del cuerpo mental, pues a pesar de que ambos están unidos, son de distinta naturaleza. Todo esto es relativo y depende de la mayor o menor evolución del Ego.

Las explicaciones que hemos dado acerca del proceso de la reencarnación son de carácter general; pero hay diversas particularidades que seria demasiado largo entrar a estudiar en este compendio. Bástenos citar dos especies de excepción, que son los extremos: la de las almas perdidas de los más endurecidos magos negros y la de las almas excelentes de los iniciados en los misterios divinos.

Las almas perdidas son raras excepciones. No son los criminales que pueblan las cárceles. Estos son unos pobres infelices, que tarde o temprano tendrán que purgar sus delitos y a costa de sufrimientos tomar el buen camino, aunque tarden muchas reencarnaciones en ello. Esas almas perdidas corresponden a personalidades bastantes desarrolladas; pero endurecidas en el egoísmo, hasta el punto en que el nexo sutil entre el Ego espiritual y la personalidad terrenal, se rompe. La personalidad sigue existiendo en este plano, como si nada hubiese pasado, aparentemente; pero ahora es una personalidad sin alma espiritual, la cual es la vida luminosa del Ego que se ha desconectado del individuo y se ha ido a las regiones celestes. Esa ruptura es una desgracia muy grande, porque el Ego no puede volver a reencarnar en la presente jornada terrestre de la evolución de la humanidad, con lo cual queda suspendida su evolución individual hasta que se inicie otra jornada de una nueva evolución general. Como se ve, pérdida absoluta no hay; pero la que se ha indicado es un grande que, para nuestra limitada mentalidad, abarcando tan vasto ciclo, es casi como perder una eternidad.

La otra excepción citada, es la de los iniciados que renuncian al descanso y disfrute de la vida celestial después de la desencarnación, a fin de no perder tiempo en su programa de perfeccionamiento. El iniciado que desencarna, desintegra en breve tiempo su doble etéreo y permanece un corto período en el Mundo Astral con el objeto de preparar su reencarnación lo más pronto posible. En esta labor es ayudado por Seres Superiores, que están atentos a estos asuntos especialmente relacionados con los iniciados. Ciertamente esa renuncia no la pueden hacer sino Egos bastantes evolucionados, pues para otros sería muy perjudicial la privación de ese descanso y de los estímulos enaltecedores que el alma recibe en las regiones celestiales. El iniciado, para poder efectuar ese rápido retorno, necesita llevar una existencia no solamente virtuosa, sino que desinteresada y altruista, con desapego respecto de la recom­pensa de sus méritos, porque si no renuncia a la recompensa divina de sus méritos, la ley de causa y efecto lo coge en la cadena del determinismo en el orden mental y lo conduce al Segundo y Tercer Cielo a recibir el premio de sus virtudes por muchísimos años. Por fortuna, los seres superiores que ayudan a los iniciados, están atentos a estas contingencias y oportunamente toman las medidas necesarias para que el iniciado no se distraiga en el sendero excepcional que se ha propuesto seguir. Naturalmente, este seguimiento es enteramente voluntario en cada cual, de manera que la ayuda divina viene al que la desea con puro corazón.